Apocalipsis 2050, ¿cómo evitarlo?
Una tendencia en sanidad no sólo nacional sino casi nos podríamos atrever a considerarla global –al menos en el mundo desarrollado- es el incremento constante en el gasto destinado a este sector (véase imagen inferior). Centrándonos en Estados Unidos que actúa de avanzadilla en muchos ámbitos para el mundo occidental, encontramos que el aumento de costes no sólo afecta a programas o instituciones públicas sino también al ámbito privado. Y ¿a qué es debido principalmente? Unos pueden argumentar que la población accediendo a los servicios sanitarios ha crecido sobremanera; es cierto que los costes indirectos de la asistencia incluso aún siendo bajos, sufren un gran incremento si el número de pacientes beneficiados de ellos es cada vez mayor. Sin embargo, los principales motivos argüidos son de tipo clínico. Éstos pueden resultar en cierto modo paradójicos, pues radican en la cuantía de los últimos avances médico-tecnológicos. Así, en los EEUU, la mitad del gasto sanitario de las pasadas décadas estaba ligado al cambio en la asistencia médica como consecuencia de los avances en la tecnología.

Imagen extraída del paper Technological Change and the Growth of Health Care Spending (http://www.cbo.gov/sites/default/files/cbofiles/ftpdocs/89xx/doc8947/01-31-techhealth.pdf)
Un interesante review de 2008 analiza el incremento de los costes sanitarios, su origen y posibles soluciones, vaticinando que de no cambiar el rumbo actual en la política de gastos y gestión sanitaria e introducirse mejoras se producirá un colapso que hará insostenible el sistema para 2050. Aunque centrado en los Estados Unidos, es perfectamente extrapolable al resto de países.
Conociendo la causa, se puede atajar el efecto
O lo que es lo mismo, ¿cuáles son los ámbitos específicos que motivan el alzamiento abusivo del gasto? En primer lugar son señalados la atención hospitalaria y los costes de personal asociado. Los medicamentos y procedimientos prescritos se sitúan en segunda posición, mientras que el gasto administrativo derivado de tramitaciones de seguros médicos, tanto públicos como privados, y otras categorías como la atención sanitaria a domicilio representan costes menores.

Imagen extraída del review Technological Change and the Growth of Health Care Spending (http://www.cbo.gov/sites/default/files/cbofiles/ftpdocs/89xx/doc8947/01-31-techhealth.pdf)
En relación a los métodos de diagnóstico y tratamiento, destacan curiosamente que nuevas alternativas muchas veces ofrecen un gasto adicional sin procurar realmente un beneficio extra. Es decir, alternativas más antiguas son igual de eficaces y seguras, aparte de más económicas.
¿Qué papel juega la Sanidad electrónica en todo esto?
Aún cuando el gasto en TICs en el ámbito de la salud suponga la necesidad de un cierto desembolso inicial, ya hemos visto a través de numerosos posts que la sanidad electrónica a la larga representa un considerable ahorro. Para encuadrar a la eSalud como solución a la hemorragia económica que las categorías planteadas anteriormente suponen, debemos concebirla como un reto. El desafío de registrar y medir la mayor parte de las actuaciones propiamente clínicas y otras colaterales (como las administrativas).
Situaciones reales que nos podríamos encontrar reflejan la importancia de una Historia Clínica Electrónica (EHR por sus siglas en inglés). Por ejemplo, una EHR centralizada donde quedaran registradas todas las pruebas radiológicas que un paciente recibe, reduciría la repetición de pruebas y por tanto, la exposición de dicho paciente a dosis de radiación innecesarias. Otro ejemplo, cuando se valora la eficacia de un nuevo medicamento o de un procedimiento, por varios motivos siempre se hace bajo el marco de un ensayo clínico. Una vez comercializado se pueden poner en marcha estudios no intervencionistas pero también regulados para evaluar otros aspectos de ese fármaco. Si existiera un registro centralizado de historias clínicas, a nivel nacional o aún mejor europeo o internacional, se podría producir un intercambio de datos e información que posibilitaría una valoración más amplia de los beneficios o perjuicios reales de ese nuevo medicamento así como la realización de estadísticas comparadas con alternativas previamente existentes. De esta forma se tendría una visión más real de si verdaderamente lo nuevo funciona mejor, de en qué casos resulta más conveniente (económica y clínicamente) el tratamiento de vanguardia o bien el antiguo, etc…
Así, aún cuando parezca un reto inasumible el control del gasto en el ámbito sanitario, quizás un poco de imaginación y sobre todo, de reflexión, ayude a desligar a mejora un avance tecnológico por el simple hecho de la novedad. Si es necesario integrar e intercambiar información, hagámoslo, pues herramientas para ello existen.
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