Una imagen vale más…
…Y terminaríamos diciendo “que mil palabras”. El caso es que en los departamentos de radiología este refrán también se conoce bien, pero sólo se es capaz por ahora de articular intenciones, sin sacarle el máximo partido a esas imágenes generadas. En este post hablaremos de las posibilidades de negocio que las imágenes de diagnóstico radiológico ofrecen y de las trabas para lograr una mejor, más eficiente y, por qué no, incluso lucrativa gestión de las mismas.
¿Cuál es la situación de partida?
Si alguna vez nos hemos preguntado en casa qué hacer con nuestras radiografías, aparte de almacenarlas u osar a incorporarlas a una decoración atrevida, no les hemos encontrado ninguna otra utilidad. Aún cuando muchos servicios de radiología tienen ya implementados sistemas de digitalización de imágenes, el problema continúa siendo el mismo; los datos que son extraídos de las radiografías quedan almacenados de forma localista. En otros casos, a pesar de que se tiene acceso a esas imágenes, existen deficiencias en la tecnología disponible para hacer algo eficiente con ellas. Y es que extraer información de un amplio abanico de bases de datos y construir un sistema central de almacenamiento de información –inteligible- no es baladí y quizás sea el mayor reto a afrontar. Implica integrar varias etapas de la documentación y ciclos de comunicación radiológica: Orden, reporting radiológico, revisión de datos, comunicación crítica, diagnóstico, etc…
¿Qué buscar?
Teniendo en cuenta la situación de partida, resulta obvio que hay que lograr en primer lugar una mejora en la accesibilidad (¿quizás una solución cloud?), además de en el preprocesamiento y estructuración de contenidos, el análisis de los mismos y la visualización a través de una interfaz amable. También parece esencial aprovechar la infraestructura tecnológica disponible, por lo que el nuevo sistema debe poderse integrar con los dispositivos de base.
¿Qué beneficios nos aporta el negocio de la radiología inteligente?
Aparte de apoyar estrategias comerciales y objetivos operacionales más abstractos, de forma realista, implicaría analizar años de imágenes de diagnóstico. Esto supondría a la larga una reducción de costes y un aumento de la efectividad. ¿Es realmente necesario que un paciente se haga una nueva radiografía? Si existe un registro centralizado de sus imágenes quizás evitemos una exposición innecesaria. No sólo como se ve es cuestión de economía y eficiencia, también es un tema de salud pública.

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